Era una noche como cualquiera, en un barrio que no se donde es, y que es lejos de cualquier lugar que hayamos imaginado que pisamos juntos. Era de noche y yo estaba sentada en el bus semivacío y escuchaba una canción semivacía e iba con la cabeza en algún otro lugar y lo único que creo que tenía algo de significado era el viento frío que entraba por la ventana. Era pleno invierno. La canción se repetía y se repetía, no sé si porque no tenía otra o porque me gustaba su tono nostálgico. Lo cierto es que de a poco me fue derribando: el viento emocionalmente y la canción socavando de a poco mi estado de neutralidad casi alegre. Como un globo pinchándose en cámara lenta. El globo era yo. No estallé. Nunca estallé pero de todas formas, esa noche, de mí quedaron sólo restos. Volví desinflada por las calles de un recorrido que casi nunca hacía. Me desinflé por una verdad revelada que no sé si todavía llego a entender. Todo con vos recién estaba empezando pero creo que ese fue el día que supe que todo se iba a terminar. Yo todavía no sabía ni que me importabas pero el viento de alguna manera me dijo que sí, que no, que sí, que no, y cuando me quise dar cuenta todas las preguntas estaban respondidas y ni siquiera tuve fuerzas para seguirte/me preguntando.
El aprendizaje fue más grande ya que no es que lloraba tempranamente tu perdida, fue que en ese momento entendí que eras un humano normal.
Fuiste eso: un deseo, más grande que otros, nuevo, sin antecedentes, que ni bien lo idealicé lo condené al fracaso.
2 comentarios:
Desgraciadamente, a veces ciertos deseos, no van más allá de eso mismo... Solo un deseo.
Un beso Carlita.
Abrazo fuerte Frank.
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