Hablamos de desgastar todo. De extender el dolor en tiempo y espacio. Ese ir y venir, destrozo progresivo que nunca llega a la destrucción porque, seamos realistas, no hay nada de crudo en la destrucción, la perdida, concreta como es, es reconfortante y él me hablaba de cualquier cosa menos comodidad. Yo creía que me hablaba de ir tolerando cada vez más, estirando la materia, el cuerpo, hasta que venza pero no hasta que quiebre. Pero aparentemente era más que eso. Tenía que ver, según me dijo, con que la mejor forma de sentir el amor, en un lugar tan adormecido, sólo se logra volviendo de la devastación más profunda. Y para volver no hay que quebrar, para volver hay que estirar.
No volver era también una opción pero... no sé. Siempre lo imaginé volver.
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